jueves, 4 de diciembre de 2008

Texto contra la violencia

Fuera lluvia y tormenta, pero dentro la noche era aun peor. Tirada en el suelo frío y húmedo mientras recibía un golpe tras otro, en ese momento pensé que sería el final, pero me equivoqué, sólo era el comienzo.

A la mañana siguiente, para ocultar los moratones, tuve que maquillarme bastante, pero aunque no se vieran se sentían y lo que más dolía era el recuerdo de cómo se hicieron.

Como todas la mañanas fui la primera en ir a desayunar, pero me sorprendió que él ya estaba en la cocina con mi desayuno preparado, me lo tendió con una sonrisa dulce y encantadora, pero esa alegría no llegaba a sus ojos que estaban llenos de arrepentimiento. Yo cogí la bandeja, la llevé a la mesa y empecé a comer aún recelosa de lo que podía pasar de aquella amabilidad mañanera, pero mis pensamientos se vieron cortados por sus palabras:
-Carol, cariño lo de anoche…-comenzó a decir.
-Prefiero no hablar de ello- le corté casi en un susurro.
-Pero yo sí, y quiero pedirte perdón, no sé lo que me pasó, pero te prometo que no volverá a pasar. Por favor perdóname yo… te quiero- pronunció cada palabra con tanta sinceridad que no tuve mas remedio que creerle.
-Bien te creo, te perdono y también te quiero.
Me besó dulcemente en los labios y se fue, ya me sentía mejor al saber que aquella horrible noche no se repetiría jamás.

Luego en el coche después de dejar a mi hijo pequeño en el colegio, Lidia, la mayor habló por primera vez durante todo el trayecto:
-¿Por qué?- dijo solamente.
-¿Por qué?- repetí sin saber que decir.
-¿Por qué le has perdonado?- puse cara de perplejidad ante su pregunta, y debió darse cuenta porque prosiguió- lo oí todo.
-Lo hizo sin querer, ya no volverá a pasar nunca.
Pasamos todo el camino hasta el instituto de mi hija en silencio, ni siquiera se despidió al salir del coche.

Aquella noche pasó sin percances así que ya me sentí mas segura, pero no fue así las noches siguientes, ya que volvió a pegarme, pero creo que lo merecía, no era perfecta como el quería, yo procuraba no hacer ruido para que mis hijos no sufrieran lo que yo estaba pasando. Todas las mañanas debía curar mis heridas, un día un moratón, otro un labio partido, otro un corte en la mejilla… cada día eran mas difíciles de ocultar, pero aun así, lo conseguía. Yo sabía que él lo hacía sin querer, que yo me lo buscaba, él no era malo, el problema estaba en mí, yo me equivocaba en todo.
Pensé que estaría visitando un gimnasio porque cada día sus golpes eran más fuertes, alguna vez incluso tuve que ir al médico; un brazo torcido, una fisura en la muñeca, hasta una costilla rota. El médico siempre me preguntaba cómo me los había hecho. Yo siempre contestaba lo mismo, mi mala pata, una caída por las escaleras, un resbalón en la bañera…Pero pienso que no me creía del todo.

Lidia me decía que lo denunciara a la policía, que ella testificaría a mi favor, pero yo no quería meterla en nuestras peleas, además, él era el padre de mis hijos y mi marido, no podía mandarlo a la cárcel, tampoco podía coger a mis hijos y escapar, porque si llegara a enterarse todo empeoraría, solo me quedaba aguantar y esperar que todo terminara, porque yo sabía que terminaría, ya que el me quería como yo a él.

Una noche después de acostar al pequeño Dani enfermo de fiebre, fui al salón a sentarme y descansar, aunque supiera lo que pasaría, aun tenía la esperanza de que no fuera así, pero me equivoqué.

Todo empezó tontamente con una pequeña discusión, pero siguió peor que un nunca. Me empujó tan fuerte que acabé estrellada contra el espejo, que se rompió tras de mi en mil pedazos, cortando mi espalda, pero al caer los cristales del suelo me cortaron en la mano, sentía mi sangre derramarse y formar un charco en el suelo, me levantó por los hombros y volvió a estamparme en lo que quedaba de espejo, me pegó un puñetazo con el que creo que me rompió la mandíbula, volví a caer al suelo, y allí me propinó una patada en el estomago, y otra y otra… de repente todo se volvió negro, ya no veía, ya no sufría.
Ahora lo veo aquí llorando frente a mí, pidiendo perdón. Ya sí creo que no pasará mas. Y aunque sé que no escucha le grito:
-¿POR QUÉ ESTAS LLORANDO? YA NO PUEDES HACERME MÁS DAÑO

Mª José Morales

2 comentarios:

MMar dijo...

Éste es uno de los dos textos que fueron seleccionados para representar al centro el día 25 de noviembre.
Quiero volver a dar la enhorabuena a al alumna, porque el texto esprecioso, conmovedor y terrible.

Anónimo dijo...

No está mal.